Con texto y dirección de Elena Díaz Barrigón, La Portera Nacional recalaba el pasado viernes en la Casa de Cultura de Membrilla prometiendo una “comedia explosiva” que iba a “entrar en nuestros corazones”.
Y sí; nos reímos como nunca de la mano de Esperanza, -Amaia Vargas-, la portera nacional. Una mujer fuerte que sabe pasar por la vida ayudando a los demás y, sobre todo, sonriendo, buscando el lado amable y feliz de cada jornada laboral y de cada persona, desde su propio baluarte, esa portería modesta en un edificio de Madrid reconstruido sobre nuestra Casa de Cultura.
Pero también sentimos en el corazoncillo el “mordisco” de la mujer que vive la soledad como nadie. Porque La Portera Nacional, en esencia, es una historia de supervivencia y de lucha, de muchos sueños e ilusiones que se han quedado atrás, de amores que no han cuajado, de caminos que se han torcido… Es una tremenda historia de soledad.
Historias retroalimentadas en una portería que refleja un poco la lucha de aquellas mujeres que marcharon desde los pueblos hasta la capital y acabaron atrapadas en una vida que no buscaban, en la que no lograron realizarse y en la que se fueron apagando. Hasta que el sistema acababa con cualquier resquicio de “esperanza” imponiendo figuras tan de actualidad como el problema de la vivienda y los desahucios.
Pero todo esto intentó ocultarlo Esperanza (qué buen nombre para esta historia personal) entre bailes y risas, entre anécdotas de mascotas y presidentas, drogas, emparedados, novios y canciones y Vírgenes de la Macarena, interactuando con el público de Membrilla reconvertido en vecinos y vecinas de este singular edificio madrileño.
Muchas cosas que contar, y vivir, con esta entrañable portera.
“Pero ella no dice nada, total, ella qué va a decir…”
