Cuando una población mantiene una tradición desde hace al menos seis siglos, es que está anclada en el ADN histórico, social y cultural de sus vecinos. Membrilla volvía a echarse a la calle en la noche del dos de mayo para vivir una nueva edición de sus Cruces de Mayo. Celebración vinculada a ritos religiosos que, desafortunadamente, ha perdido el matiz social del canto de mayos a las mozas del pueblo, pero que al menos mantiene uno de sus componentes más sólidos y emblemáticos vinculados al culto a la cruz en la víspera del día 3, fiesta de la Invención de la Santa Cruz, del hallazgo del madero sagrado por Santa Elena en Jerusalén.
Aprovechando la coincidencia con la noche del sábado, numerosos vecinos y vecinas recorrieron hasta altas horas las cruces vestidas en la localidad. Destacó en el itinerario la apertura de la fiesta en el Casino Manchego, inicio de los itinerarios “oficiales” de visita, con el canto a los mayos a la cruz vestida por el Grupo Cultural El Galán de la Membrilla, este año en un sentido homenaje a la figura de Domingo Chacón, recientemente fallecido. Domingo fue un gran amante de la tradición de la cruz en Membrilla y uno de sus principales impulsores junto a sus compañeros de asociación.
Los encargados del canto, una vez más la Rondalla Marmaria y el grupo de Los Tunos, vinculados a la tradición de los Toconeros. No solo mayos a la cruz, sino también seguidillas y jotas acompañaron el recorrido en una importante labor de conservación de nuestras tradiciones y riqueza musical y cultural.
Entre las cruces, el mensaje de Resurrección de las vecinas de la calle Santiago, que permanecen toda la noche rezando a la cruz hasta el amanecer. Cruces florales como la de las vecinas de la Plazoleta de las Monjas, que este año querían recordar a Domingo incorporando la corona de espinas que les regaló. También la importancia de las cruces más históricas, como la Cruz Verde, con sus vecinas ahora arropadas por la Hermandad de Santiago el Mayor, o la Cruz de la iglesia, una de las más antiguas de la población que ha revivido este año gracias al trabajo de una joven y comprometida Hermandad de San Blas.
La importancia de las hermandades en este sentido, vinculándose a otras celebraciones religiosas que no están relacionadas directamente con sus titulares. Así también en la cruz de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad y Stma. Virgen de la Esperanza, donde tomó el protagonismo su propia cruz de guía.
La importancia de las asociaciones de la localidad, implicándose en la vida cultural, como la Asociación de Amas de Casa, siempre fiel a la cruz de mayo en su sede del Espino.
La importancia, a fin de cuentas, de los vecinos particulares que visten la cruz en sus domicilios, sin los que esta fiesta perdería gran parte de su importancia y vistosidad. Cruces que hacen su camino romero del Rocío, como la Cruz de la Salud de la calle San León, con Miguel Ángel Patón al frente. Cruces ya veteranas, como las de la familia Martín en San Miguel y la de Alejandro Martín Morales en la calle del Prado o las que reflejan la valentía de los que se animan a sumarse a la tradición, como en el caso de Cecilia Arias y vecinos. O la simbólica “cruz de la vida” de Mª Luz Espinar, dando un paso más allá al sentido de la Cruz.
Enmarcando todo, un complejo puzzle ensamblado sobre muchos detalles, imágenes, ritos, costumbres, que solo pueden percibirse si se dedica un tiempo a mirar cada elemento que decora una cruz. El fuego, el zurra, los cánticos, los “cañamones” que integran el puñao… completan una de las estampas de mayor riqueza religiosa y “pagana” de la localidad.
