¿En cuántas casas de Membrilla no se está preparando o ya se ha preparado hoy una serrana? Veinticuatro de julio: víspera de la festividad del Patrón de la localidad, Santiago el Mayor. Una fiesta estrechamente vinculada a esta bebida. No se entiende, en lo profano, una sin la otra. Incluso en lo divino.
La serrana se aparta de los usos caprichosos de las sangrías veraniegas. En ingredientes, en formas y en sentido. Elaborada exclusivamente con cuatro ingredientes: vino tinto, azúcar, agua/gaseosa y melocotón. Sobran aderezos y atajos que cambien su sentido. El vino, con preferencia por lo local, por lo manchego, que para eso cultivan nuestros agricultores buenas cepas de tempranillo, nuestro cencibel de siempre. El azúcar, blanco, sin sucedáneos. El melocotón, pues melocotón, melocotón; madurado en su punto para que pueda liberar sus aromas al vino. Y la gaseosa, perdido ya el carbónico cabal de nuestra añorada marca Briones, lo más purista posible, en lo sencillo, huyendo de experimentos carbonatados y aromatizados.
¿Las formas? Pues cada uno la suya, casi iguales, pero todas distintas. La que se inventa, la que llegó del abuelo, la que se transmite en una familia, la que surge como por generación espontánea… Todas son válidas siguiendo el cuidado protocolo de mezclar e integrar los cuatro ingredientes.
¿Lo preceptivo? Prepararla en lebrillo de barro, preferiblemente si el lebrillo ya conoce la historia centenaria de miles de serranas. Mejor si se remueve con el cacillo blanco heredado de la abuela o de la bisabuela, de esos que tienen “esconchones” negros en el esmalte (que nos perdone la RAE, pero en Membrilla hay “esconchones”). Y servirla muy fría, de a poquitos, para que no se caliente en el vaso.
Lo más extraordinario de la serrana es que suele beberse en grupo: en familia, entre amigos, para celebrar la fiesta de Santiago. Es un elemento de unión entre los vecinos y vecinas de Membrilla, un nexo social que se ha transmitido de generación en generación.
Y muchas cosas más. Porque cada persona tiene su propia historia, única, singular.
Para finalizar, dos paradas referidas a la serrana de Membrilla, que la hacen más grande.
- La primera, la dejamos encabezando este artículo: la tradición más purista, la vinculada a las recetas de los mayores, las heredadas de padres, abuelos y bisabuelos, en este caso de Domingo Menchén. Nos la trasmiten Emilio Cano y María Jesús Menchén desde su canal de Youtube. Y merece la pena recordarla.
- La segunda, aplaudir de nuevo la gran iniciativa que tuvo la Hermandad de Santiago el Mayor de organizar un Concurso de Serrana. Un evento que cada año suma más grupos de jóvenes vinculados a una tradición, demostrando que saben hacer serrana como mejor se hace una serrana: entre amigos. Y divertirse como solo los jóvenes saben, claro. (Vídeos en https://www.instagram.com/membrilla_com/)



