Las gachas blancas de arrope, un vínculo entre madrinas y ahijados que se difumina en el nuevo siglo

Las gachas blancas de arrope, un vínculo entre madrinas y ahijados que se difumina en el nuevo siglo

En la antesala del Jueves de Comadres, ponemos el foco en uno de los elementos más característicos del Carnaval de Membrilla: las gachas blancas de arrope. Tradición centenaria cuyo origen se pierde en la memoria festiva local y cuyo futuro se diluye también, de modo progresivo, alentado por estos tiempos virtuales, de vínculos retroalimentados a través de pantallas.

Definimos la tradición concreta: Es costumbre (de esas que hasta hace poco hacían las veces de leyes ineludibles) que el Jueves de Comadres se coman gachas blancas, elaboradas con harina de trigo y agua y aderezadas con azúcar y “matalahúva”. El final perfecto lo ponía el chorrito de arrope dulce, nacido de la cocción del mosto de uva hasta su reducción. “Bautizo imprescindible nacido de las propias viñas del pueblo que daba origen al pistoletazo de salida para hundir la cuchara: ¡Ánimo, a las gachas, que son de arrope!”, contábamos.

Pero lo realmente importante de este acto no es el hecho de cocinar unas gachas, sino del significado que encerraba la tradición: invitar a comer esas gachas a los ahijados y ahijadas de bautismo. Eso nos dibuja una fiesta eminentemente femenina, vinculada en sus orígenes al matriarcado romano, donde las mujeres se reunían para celebrar y celebrarse. (Ver Jueves de Comadres en Membrilla, la visión femenina del tradicional Jueves Lardero como antesala de las fiestas de Carnaval).

Retoman las gachas en su esencia el fuerte vínculo creado entre madrinas y ahijados, que no dejan de ser “hijos” no naturales a los que se promete protección y cuidado, tanto físico como espiritual. Un vínculo que se ha ido desdibujando en las últimas décadas, limitado muchas veces solo al acto físico del ritual del bautismo en la iglesia. Las palabras de nuestros mayores, (en contraste con estos tiempos de pocas palabras y muchos emojis), nos definían muy bien la importancia del concepto: Madre de pila. “Madre”.

Sería interesante volver a intensificar la tradición; poner sobre la mesa las gachas blancas, quizá acompañadas de otros platos más atractivos para las nuevas generaciones, pero siempre como referente de una costumbre heredada de los mayores. Buscar subrayar esos vínculos familiares o de amistad que da el hecho de compartir el cariño y el cuidado al niño ahijado.

Y, de paso, reivindicar y promocionar con orgullo algo tan nuestro como el Jueves de Comadres, pistoletazo de salida a nuestro Carnaval.

De todo esto sabe mucho, por tradición familiar y por dedicación personal, María Jesús Menchén, que en el video que preside este artículo nos enseña a cocinar las gachas blancas con arrope:

“...es una comida típica del jueves anterior al carnaval conocido como Jueves de Comadres. Esto se debe a que los ahijados iban a comer a casa de su madrina. Esta comida consistía en gachas con arrope, un chorizo, una naranja y alguna propinilla que rara vez pasaba de un duro.

Yo aprendí la receta de mi madrina ( mi tía Josefa) donde cada año acudía fielmente a la tradicional cita. Aunque los ingredientes ya están en el video, ocurre como con tantas recetas antiguas, que en cada casa se adaptaba según los ingredientes que disponían; sustituyendo el arrope por azúcar, azúcar tostada o leche.

Por si alguien no lo recuerda el arrope es mosto hervido en dos tiempos: primero se reduce a la mitad y luego a otra mitad incorporando cascara de naranja, limón, tallo de canela y matalahúva; el resultado es la cuarta parte del mosto inicial, es decir, de 4 litros de mosto quedaría uno de arrope.”

Echadle un ojo. Y mañana, Jueves de Comadres, llamad a vuestros ahijados y ahijadas.

 

 

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En la antesala del Jueves de Comadres, ponemos el foco en uno de los elementos más característicos del Carnaval de Membrilla: las gachas blancas de arrope. Tradición centenaria cuyo origen se pierde en la memoria festiva local y cuyo futuro se diluye también, de modo progresivo, alentado por estos tiempos virtuales, de vínculos retroalimentados a través de pantallas.

Definimos la tradición concreta: Es costumbre (de esas que hasta hace poco hacían las veces de leyes ineludibles) que el Jueves de Comadres se coman gachas blancas, elaboradas con harina de trigo y agua y aderezadas con azúcar y “matalahúva”. El final perfecto lo ponía el chorrito de arrope dulce, nacido de la cocción del mosto de uva hasta su reducción. “Bautizo imprescindible nacido de las propias viñas del pueblo que daba origen al pistoletazo de salida para hundir la cuchara: ¡Ánimo, a las gachas, que son de arrope!”, contábamos.

Pero lo realmente importante de este acto no es el hecho de cocinar unas gachas, sino del significado que encerraba la tradición: invitar a comer esas gachas a los ahijados y ahijadas de bautismo. Eso nos dibuja una fiesta eminentemente femenina, vinculada en sus orígenes al matriarcado romano, donde las mujeres se reunían para celebrar y celebrarse. (Ver Jueves de Comadres en Membrilla, la visión femenina del tradicional Jueves Lardero como antesala de las fiestas de Carnaval).

Retoman las gachas en su esencia el fuerte vínculo creado entre madrinas y ahijados, que no dejan de ser “hijos” no naturales a los que se promete protección y cuidado, tanto físico como espiritual. Un vínculo que se ha ido desdibujando en las últimas décadas, limitado muchas veces solo al acto físico del ritual del bautismo en la iglesia. Las palabras de nuestros mayores, (en contraste con estos tiempos de pocas palabras y muchos emojis), nos definían muy bien la importancia del concepto: Madre de pila. “Madre”.

Sería interesante volver a intensificar la tradición; poner sobre la mesa las gachas blancas, quizá acompañadas de otros platos más atractivos para las nuevas generaciones, pero siempre como referente de una costumbre heredada de los mayores. Buscar subrayar esos vínculos familiares o de amistad que da el hecho de compartir el cariño y el cuidado al niño ahijado.

Y, de paso, reivindicar y promocionar con orgullo algo tan nuestro como el Jueves de Comadres, pistoletazo de salida a nuestro Carnaval.

De todo esto sabe mucho, por tradición familiar y por dedicación personal, María Jesús Menchén, que en el video que preside este artículo nos enseña a cocinar las gachas blancas con arrope:

“...es una comida típica del jueves anterior al carnaval conocido como Jueves de Comadres. Esto se debe a que los ahijados iban a comer a casa de su madrina. Esta comida consistía en gachas con arrope, un chorizo, una naranja y alguna propinilla que rara vez pasaba de un duro.

Yo aprendí la receta de mi madrina ( mi tía Josefa) donde cada año acudía fielmente a la tradicional cita. Aunque los ingredientes ya están en el video, ocurre como con tantas recetas antiguas, que en cada casa se adaptaba según los ingredientes que disponían; sustituyendo el arrope por azúcar, azúcar tostada o leche.

Por si alguien no lo recuerda el arrope es mosto hervido en dos tiempos: primero se reduce a la mitad y luego a otra mitad incorporando cascara de naranja, limón, tallo de canela y matalahúva; el resultado es la cuarta parte del mosto inicial, es decir, de 4 litros de mosto quedaría uno de arrope.”

Echadle un ojo. Y mañana, Jueves de Comadres, llamad a vuestros ahijados y ahijadas.

 

 

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