Tres caídas para reflexionar

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Viernes 13 de marzo, 21 horas. Numerosas personas nos vemos convocadas por el Grupo de Cultura y Ocio Los Faranduleros, en la Casa de Cultura de Membrilla. Al pasar, ya huele a Semana Santa; el numeroso público se acomoda. Se abre el telón y una voz en off nos invita a reflexionar sobre las tres caídas de Jesús camino del Calvario que, aunque no están recogidas explícitamente en los evangelios, sí que forman parte de la tradición cristiana y simbolizan la debilidad humana representada en la figura de Jesús de Nazaret.

Miguel Ángel Bellón dirigió el montaje y tomó la palabra para dar inicio al acto. A la derecha del escenario, piano y guitarra a las manos de Jorge e Isabel, pusieron música; después, Antonia Serrano y Pablo Jiménez nos hablan de la primera caída y nos recuerdan que caerse exige reconocer fragilidades. Disertan sobre la desmotivación de muchos jóvenes de hoy, de sus primeras caídas, estas reflejadas en los datos que con voz en off nos ofrecía M.ª Teresa Arroyo. Datos de consumo de drogas y otras adicciones. Datos terribles que nos hacen estremecernos por las amenazas que planean sobre uno de nuestros tesoros más preciados, nuestra juventud, expuesta a escaparates coloristas de egoísmos y apelaciones engañosas de libertad.

Ante el dolor de esa caída de valores en una parte de la juventud, la música suena como un himno de esperanza, y no solo porque la música en sí es belleza y consuelo para el alma, sino porque en esta ocasión estuvo interpretada por cinco jóvenes, sinónimo de esa esperanza: Álvaro, Saúl, Cristina, Jorge e Isabel, que cantaron el tema Pasión de Dios, y con sus voces melodiosas nos llevaron a un remanso de paz.
Después, en una magistral puesta en escena, que me recordó a la técnica de la que una vez, recogiendo datos sobre el teatro, me hablara nuestro querido sacerdote don Pedro Roncero. Una técnica que aprendió de los salesianos, me dijo, y que consistía en poner una especie de falso telón de fondo de gasa transparente y detrás, como a un metro, un fondo oscuro; los actores se interponían entre el fondo oscuro y la gasa, como simulando una especie de cuadros plásticos. Y de esa manera vimos en una precisa y preciosa imagen estática a Jesús, con la cruz a cuestas, aliviado de su peso con la ayuda del cirineo y bajo la supervisión romana.

M.ª Ángeles Lozano y David Arias nos recordaron la segunda caída y hablaron de orfandad espiritual, de la angustia existencial provocada tal vez por el abandono de la práctica religiosa, esa que nos consuela a muchos. Corazones en tierra de nadie, sin un consuelo más grande al que aferrarse cuando la tempestad azota. Y otra vez, tras la caída, la esperanza en forma de música. Tarde te amé fue el segundo tema elegido por los jóvenes intérpretes. Entre el precioso juego de voces, rescaté estos versos tan significativos: “tú estabas conmigo, y yo te buscaba fuera”. Cuántas veces buscamos consuelo fuera ignorando el amor que tenemos al lado…

Y otra imagen estática se desvela al fondo del escenario, otra caída de Jesús y alguien que le limpia el rostro, la Verónica tal vez. El consuelo de un paño limpio que enjuga las lágrimas y el dolor, producto del miedo que nos amenaza, y M.ª Ángeles que nos habla de los pobres que enriquecen a muchos.

Toman el testigo de la palabra Felipe Torres y Teresa Muñoz ya en la tercera caída y nos presentan a ese Jesús al que se le presupone gran fortaleza. Él, que ayudó a tantos, apenas tiene fuerza para levantarse. Nos hablan de discapacidad y, en una preciosa metáfora, aluden a los habitantes del mundo del silencio y de la sombra, los que cargan una cruz de ruedas, y lejos de peregrinar en busca de milagros, encuentran el apoyo en los suyos: familia, amigos, y estos a su vez piden tino para saber tratarlos, porque no es nada fácil.

¡Que no se recluyan por temor a molestar! Exclamaban, pues ninguno de nosotros está libre de esa noche oscura y, entonces, necesitaremos la comprensión de los demás. Todos tenemos derecho a salir a la luz en un diálogo comprometido de igualdad con el prójimo. Y una vez más la música puso notas de luz con La medida del amor.

Finaliza el acto con las palabras de Miguel Ángel Bellón declamando una letanía y apelando al consuelo de la madre, Madre de la Esperanza. Dos bellísimas palabras que llevan implícito el alivio en su pronunciación. Y están allí, inertes, en el fondo del escenario, la imagen conmovedora de Jesús yacente y su madre, en un realismo puro, inmaculado, impresionante.

Los aplausos del público pusieron el punto final a este acto, sencillo y lleno de contenido para llevárnoslo a casa y meditar. En el centro del escenario saludaron a modo de agradecimiento los jóvenes músicos, los lectores y los figurantes de las escenas que representaron las tres caídas de Jesús, esas que simbolizan las caídas del Hombre.

No queda más que agradecer la labor cultural del grupo Faranduleros. Su trabajo altruista nos proporcionó un motivo de reunión y de reflexión, necesario siempre, pero incrementado más si cabe en este tiempo convulso.

Alicia Jiménez Muñoz.

 

 

 

 

 

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