
A veces nos damos cuenta de los años que tenemos cuando nos invade la nostalgia y de repente nos sorprendemos mirando hacía atrás a través de un catalejo hecho con un cuaderno escolar enrollado.

A veces nos damos cuenta de los años que tenemos cuando nos invade la nostalgia y de repente nos sorprendemos mirando hacía atrás a través de un catalejo hecho con un cuaderno escolar enrollado.

El viernes de Desposorios mi amiga Nuria y yo recién llegados de Madrid, nos dirigimos a la charca en busca de flamencos. Lo nunca visto. Espectáculo insólito. El pueblo bullía de fiesta y pólvora. A esa hora del atardecer en que nuestros pasos se encaminaban hacia el humedal improvisado con las copiosas lluvias pasadas cerca del cementerio, los emigrantes celebraban la típica comparsa futbolera anual.

Vaticinios de pulpos adivinos, auguraban un éxito inminente para España. Innumerables banderas ondeaban en ventanas y balcones de Membrilla, todo el mundo tenía planes para esa tarde de domingo con familiares o amigos. Un equipo de futbolistas representando a todo un país, se jugaban la copa del mundo.

Escena primera. Diciembre de 2007.
Sala de exposiciones de la Casa de América en Madrid. Fotografías de Gustavo Germano con el título de Ausencias. La secuencia siempre es la misma, dos fotos, en la primera aparecen dos o más miembros de una familia en actitudes cotidianas, en la siguiente ha desaparecido uno de esos miembros.

-Sí, sabemos que no es de sangre, sino de grana; pero nos viene bien parafrasear la letra del conocido pasodoble para introducir una reflexión crítica, que tomará como núcleo el debate sobre la prohibición de las corridas de toros-.